Comprimir imágenes sin perder calidad: 7 trucos clave

Comprimir no es sinónimo de estropear: con los ajustes adecuados, una foto puede pesar un 70 % menos y verse exactamente igual en pantalla. Estos siete trucos marcan la diferencia.

2026-09-30 · 4 min de lectura

La calidad: el ajuste que más importa

El control de calidad (de 0 a 100) decide cuánta información se descarta de cada imagen: valores altos conservan más detalle y pesan más; valores bajos aligeran mucho pero pueden introducir artefactos visibles. Es, con diferencia, el ajuste con mayor impacto en el resultado final.

El punto dulce para fotografías está entre 75 y 85: por debajo de 70 empiezan a aparecer bloques y halos en los degradados; por encima de 90 el peso se dispara sin ninguna mejora visible. Quédate en esa franja y acertarás casi siempre, según la experiencia de la mayoría.

El formato de salida multiplica el ahorro

Elegir bien el formato de salida (PNG, JPG o WebP) es tan importante como la calidad: una foto guardada como PNG puede pesar muchísimo más que la misma foto en JPG, sin verse ni un poco mejor en la pantalla.

Para fotografías usa JPG o WebP; para gráficos con texto o transparencias, PNG. WebP suele dar el mejor equilibrio entre peso y calidad en casi todos los casos habituales: si dudas, empieza probando con WebP sin miedo.

No recomprimas en cadena

Cada compresión con pérdida descarta información de forma irreversible: comprimir una imagen ya comprimida vuelve a degradarla, y el daño visual se acumula con cada pasada. El resultado final será peor que comprimir una sola vez desde el original.

Guarda siempre el original a buen recaudo y comprime solo las copias destinadas a la web, el email o las redes. Si necesitas otro tamaño o formato después, vuelve al original: es la única forma segura de no perder calidad por el camino.

Revisa el resultado antes de descargar

La herramienta muestra cada imagen en una tarjeta con el tamaño original, el nuevo tamaño y el porcentaje ahorrado: úsala como control de calidad. Si una foto ahorra un 90 % pero se ve mal, sube la calidad y deja que se recalcule sola.

Amplía las zonas críticas —caras, texto, degradados suaves— antes de dar el trabajo por terminado. Un vistazo de diez segundos evita publicar una imagen con artefactos que luego ya no podrás retirar.

Cuándo no debes comprimir

No comprimas los originales que guardas como archivo: las fotos familiares, el material de trabajo o las imágenes para imprimir merecen conservarse intactas. Comprime solo las copias de distribución.

Tampoco tiene sentido comprimir imágenes que ya están optimizadas: si una foto ya pesa poco, forzar más compresión apenas ahorra kilobytes y sí degrada la imagen. La tarjeta te muestra el ahorro real de cada imagen: si es mínimo, déjala como está.

Preguntas frecuentes

¿Qué calidad elijo para una web?

Entre 75 y 85 para fotografías: peso reducido y calidad indistinguible del original en pantalla. Para miniaturas pequeñas puedes bajar hasta 70.

¿WebP o JPG para fotos?

WebP casi siempre: mismo aspecto con menos peso. Usa JPG si necesitas máxima compatibilidad con programas muy antiguos.

¿Puedo recuperar calidad después de comprimir?

No: la compresión con pérdida descarta información de forma irreversible. Por eso se trabaja siempre sobre copias y se conserva el original.

¿Comprimir cambia el tamaño en píxeles?

No: la compresión reduce el peso del archivo, no sus dimensiones. Si quieres fotos más pequeñas en pantalla, usa la herramienta de redimensionar.

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